A 19 años sin Jorge Julio López: la herida abierta de la democracia
La Plata. — Cada septiembre, la ciudad despierta con un silencio incómodo. Es el mismo que quedó flotando desde el 18 de septiembre de 2006, cuando Jorge Julio López, albañil, sobreviviente de los centros clandestinos de detención de la dictadura y testigo clave en el juicio contra Miguel Etchecolatz, salió de su casa en Los Hornos y nunca más regresó.

El hombre que se animó a señalar en el estrado judicial a su torturador se convirtió, con su desaparición, en un símbolo de las deudas de la democracia argentina. “Lo de López fue un mensaje mafioso: callar al que habla”, repiten cada año los organismos de derechos humanos, convencidos de que no se trató de un hecho aislado sino de una advertencia en pleno proceso de justicia por los crímenes de la dictadura.
En estas casi dos décadas, la investigación judicial naufragó entre idas y vueltas, con líneas de pesquisa truncas y ninguna persona imputada. El expediente sigue abierto, pero sin responsables. La causa es, al día de hoy, uno de los agujeros más dolorosos del sistema judicial argentino.
Este miércoles, como cada aniversario, familiares, militantes y organizaciones marcharon desde la Plaza Moreno hasta los Tribunales Federales de La Plata. Allí volvieron a exigir verdad y justicia, recordando que López fue visto por última vez con 77 años, y que si hoy viviera tendría más de 95.
El paso del tiempo no aplaca la vigencia de su nombre: su desaparición en democracia desnuda que los pactos de silencio siguen vigentes y que las estructuras de impunidad aún respiran dentro de las instituciones.


En las paredes de La Plata, los murales repiten el mismo interrogante que desde hace 19 años acompaña a cada movilización:
¿Dónde está Jorge Julio López?




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