Brutal golpiza en Pinamar: Agustín “Chimuelo” Cañadas pugna por recuperarse
La madrugada de un festejo terminó en tragedia. Agustín, de 21 años, fue interceptado a la salida de un boliche; sufrió múltiples fracturas y una lesión ocular. La comunidad pide justicia y se organiza para ayudar a la familia.

La noche había sido de celebración: amigos, música y el cumpleaños que Agustín había decidido festejar en Pinamar. Pero la madrugada se rompió en un segundo. Alrededor de las seis, cuando el grupo comenzaba a dispersarse en la esquina de Jonás y Shaw, alguien lo llamó desde atrás. Un golpe violento en el rostro lo dejó sin conciencia. Cuando despertó, estaba lejos del lugar del hecho y con dolor intenso. El saldo médico es grave: fracturas —entre ellas en un dedo— y una lesión en el ojo izquierdo que obligó a su traslado a Mar del Plata para atención especializada. La operación necesaria para su recuperación tiene un costo aproximado de $15.225.000. Dado que su familia no cuenta con los recursos suficientes, se ha lanzado una campaña de recaudación solidaria. El alias para realizar donaciones es chimuelo.pinamar. Cualquier aporte, por pequeño que sea, es de gran ayuda.

“La justicia y la policía tienen que actuar, no sabemos por qué le pegaron”, dijo la madre de Agustín en una entrevista publicada por medios de la región, que además relató la angustia familiar y la necesidad de apoyo para costear tratamientos y traslados. En las redes y grupos de la zona se multiplicaron los pedidos de colaboración y las muestras de solidaridad: se comparten números de cuenta y se organizan apoyos para acompañar la recuperación.
En la ciudad, la noticia reabrió el reclamo por mayor presencia policial y mejores controles en la nocturnidad. Vecinos y comerciantes coinciden en que los episodios de violencia en los alrededores de locales nocturnos no son aislados y exigen medidas concretas: cámaras en puntos clave, mayor patrullaje en los horarios de cierre y protocolos de salida seguros para grupos que se retiran de los boliches. Voces locales pidieron además que los propios locales adopten medidas de prevención y colaboración con la investigación.
Testigos dijeron que fueron tres los agresores quienes actuaron con rapidez y se dieron a la fuga en un Peugeot (modelo 206/207). Según relatos que recogen los medios locales y familiares, no hubo robo: a Agustín no le sustrajeron pertenencias, lo que suma interrogantes sobre el móvil de la agresión. La Justicia ya tomó la denuncia y trabaja en la identificación de los responsables; fuentes policiales consultadas indican que las primeras pistas apuntan al vehículo y a la descripción física de los agresores.
La causa sigue en instrucción: se esperan peritajes de cámaras privadas y municipales, declaraciones de testigos y el avance de la investigación criminal para dar con los agresores. Mientras tanto, la urgencia médica y el costo emocional colocan a la familia en una situación límite: el caso, que comenzó como una crónica más de violencia nocturna, se convirtió en un reclamo comunitario y en un recordatorio de los riesgos que todavía persisten en la noche y entre los jóvenes.




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