UTV, picadas y un límite que no aparece: qué dice la ley y por qué en La Frontera nadie la ve
Pinamar. La postal se repite cada verano: motores acelerados, médanos cruzados a toda velocidad, maniobras imprudentes y vehículos que parecen fuera de escala para un espacio sin reglas visibles. La polémica por el uso de UTV y cuatriciclos en La Frontera no gira solo alrededor de los accidentes —que se acumulan— sino de una pregunta más incómoda: ¿Quién puede manejar estos vehículos, en qué condiciones y quién controla que se cumpla la ley?

Contrario a la percepción extendida en la zona, los UTV no circulan en un vacío legal. Están alcanzados por la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449 y su reglamentación, incorporados formalmente junto a los cuatriciclos como vehículos de uso restringido.
La norma es clara en varios puntos:
No pueden ser conducidos por menores de edad.
El conductor debe contar con Licencia Nacional de Conducir vigente, categoría A3.
Es obligatorio tener seguro de responsabilidad civil, documentación del vehículo y acreditar titularidad.
No están habilitados para circular libremente por calles, rutas ni playas, salvo en corredores o zonas expresamente autorizadas por cada municipio.
La conducción recreativa solo puede realizarse en zonas delimitadas, señalizadas y habilitadas.
En municipios turísticos como Pinamar, además, se exige antena con banderín para mejorar la visibilidad entre médanos, un requisito pensado justamente para evitar choques frontales en zonas ciegas.



El marco legal también fija medidas básicas de seguridad que en La Frontera suelen quedar libradas a la voluntad individual:
Uso de casco homologado (cuando lo determina la ordenanza local).
Prohibición de exceso de pasajeros.
Prohibición de maniobras peligrosas, picadas o competencias informales.
Circulación a velocidad prudente y respetando zonas de tránsito y recreación.
Sin embargo, en los médanos la escena suele ser otra: UTV con niños como acompañantes, vehículos cruzándose de frente sin señalización, y picadas improvisadas que convierten el paisaje natural en una pista sin control.
Accidentes que dejaron de ser excepcionales
Los antecedentes pesan. Todos los veranos se registran accidentes graves, algunos fatales. En los últimos años hubo muertes de conductores y acompañantes, atropellos a menores y múltiples heridos con traumatismos severos, como el caso de una joven de 19 años que en 2025 atropelló a un niño de 8 años con un cuatriciclo y huyó del lugar, y la muerte en 2022 de un adulto que viajaba como acompañante en un cuatriciclo que chocó contra un UTV.
El caso reciente de otro niño de 8 años internado en terapia intensiva tras un choque entre una camioneta y un UTV volvió a encender la alarma. Horas después, continuaron los incidentes: otro hombre que circulaba en un UTV volcó en los médanos y sufrió una fractura de cadera, debiendo ser trasladado de urgencia al hospital de Mar de Ajó.
Los testimonios de quienes frecuentan La Frontera señalan que “todos los días se escuchan choques”, y que la falta de regulación clara y controles efectivos intensifica el peligro, sobre todo cuando hay conductores sin experiencia o menores al volante.

No se trata de hechos aislados: es una dinámica sostenida, favorecida por la potencia de los vehículos, la falta de experiencia de muchos conductores y un entorno sin reglas visibles ni controles permanentes.
Parte del conflicto se explica por el lugar donde ocurre. La Frontera es una zona híbrida, ubicada en el límite norte del Partido de Pinamar, compuesta por playa y médanos que combinan espacios de dominio público con grandes extensiones de propiedad privada.
Muchos de esos terrenos pertenecen históricamente a particulares y familias propietarias de campos de dunas, adquiridos y subdivididos desde el desarrollo original de Pinamar. No existe una señalización clara que indique dónde empieza y termina cada jurisdicción, lo que termina diluyendo responsabilidades: el municipio controla de manera intermitente, la policía aparece de forma esporádica y los propietarios privados no siempre intervienen.
El resultado es un territorio donde la ley existe, pero no se ve.

Un reconocido piloto del Rally Dakar, Marcos Patronelli, recordó en las últimas horas, el peligro de estas máquinas fuera de contexto competitivo y reclamó medidas de seguridad urgentes, subrayando que estos vehículos, diseñados para competencias o tareas rurales, se han popularizado como entretenimiento recreativo sin conciencia de su potencia y riesgos.
En este contexto la normativa prevé sanciones importantes: multas por conducir sin licencia, sin seguro, fuera de zonas habilitadas, permitir que menores manejen o realizar maniobras peligrosas. Incluso puede disponerse el secuestro del vehículo.
Pero en La Frontera, la percepción generalizada es que la posibilidad de sanción es baja, lo que termina naturalizando la infracción.
Un debate que vuelve cada verano
Mientras crece el parque de UTV —vehículos cada vez más potentes y accesibles—, el Estado llega tarde. La discusión ya no es si deben prohibirse, sino cómo regularlos en serio: con corredores claros, controles permanentes y un ordenamiento del espacio que priorice la seguridad.
Porque en La Frontera, el verdadero problema no es la arena ni los motores. Es que las reglas existen, pero nadie las hace visibles. Y cuando eso pasa, la adrenalina siempre corre más rápido que la ley.




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