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Diciembre en Pinamar: acta de una decisión

30 dic 2025
2 min de lectura
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Pinamar no estaba pensando en impuestos. Estaba pensando en la temporada. La ciudad entraba en diciembre con los rituales conocidos: veredas lavadas, carteles de alquiler temporario colgados con alambre, restaurantes ajustando turnos y precios. En la calle, una sola pregunta repetida con distintas voces: cómo viene enero, si hay reservas, si el bolsillo aguanta un verano más.


El 23 de diciembre de 2025, mientras la maquinaria turística se ponía en marcha, el Concejo Deliberante discutía otra cosa. No playas. No servicios. Tasas. La sesión comenzó con quórum ajustado y se desarrolló bajo un clima de conteo fino, como esos expedientes donde cada firma pesa. La Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes aprobó un aumento del 30% en las tasas municipales, sin escalas, sin segmentaciones y sin mecanismos de amortiguación.


El resultado quedó asentado en actas de manera inequívoca: veinte votos afirmativos y seis negativos. En Pinamar, como en toda decisión pública, los nombres importan. Votaron en contra del aumento los concejales Arata, Jouffré, Saquilán, Estanga, Nápoli y Gemignani. Del otro lado, el oficialismo y los mayores contribuyentes acompañaron el proyecto impulsado por el Ejecutivo municipal. No hubo abstenciones ni disidencias parciales. El aumento pasó completo.


La medida no se tomó en un vacío temporal. Diciembre es, para Pinamar, un mes crítico. No es cierre: es arranque. Es el momento en que se define buena parte del año económico para comerciantes, gastronómicos, prestadores y propietarios, que llegan a la temporada con márgenes ajustados y expectativas medidas. Aun así, el municipio optó por avanzar.


Mientras Pinamar aprobaba un incremento del 30% en bloque, otros municipios de la región eligieron estrategias distintas. En General Madariaga y Villa Gesell los ajustes fueron más graduales o inferiores, con el argumento de no cargar la previa de la temporada. En Mar del Plata algunos ítems sensibles quedaron congelados o recibieron subas diferenciadas para mitigar el impacto en pymes y comercio turístico. Pinamar eligió otro camino: priorizar la recomposición inmediata de la recaudación, aun a costa de trasladar el impacto a vecinos y sectores productivos cuando el calendario aprieta.


Un mayor contribuyente que acompañó la medida lo explicó sin rodeos: “Si no se actualiza ahora, el municipio queda desfinanciado. Después nadie quiere hacerse cargo”. El aumento no cayó en invierno ni en temporada baja. Cayó en diciembre, cuando la ciudad se juega buena parte de su año.


La sesión terminó, las actas se firmaron y la decisión quedó firme. Pero el expediente no se cerró. Apenas cambió de escenario. El impacto empieza a sentirse ahora: en las boletas, en los precios y en discusiones cotidianas que no figuran en el recinto pero sostienen la economía diaria de la ciudad.


En Pinamar, mientras las playas se preparan para llenarse, la política dejó su marca antes de que llegue el primer turista. Como en toda causa abierta, el fallo administrativo ya existe. El veredicto social, en cambio, todavía está en trámite. Y no lo dictará el Concejo: lo dictará la temporada

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