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“El triple femicidio que desnuda la connivencia entre violencia narco, género y desprotección estatal.”

1 oct 2025
3 min de lectura

Florencio Varela fue escenario de uno de los crímenes más estremecedores del año: un triple femicidio con tintes narcos, donde la violencia de género, la lógica del castigo mafioso y el mensaje ejemplificador se fundieron en un mismo acto atroz. A casi dos semanas del hallazgo de los cuerpos de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, la investigación dio un vuelco clave en las últimas 48 horas: fue detenido, en Perú, Tony Janzen Valverde Victoriano, alias "Pequeño J", sindicado como autor intelectual del crimen.



La captura se logró gracias a un operativo internacional coordinado entre la Policía Bonaerense, Interpol y fuerzas peruanas. El joven narco, de apenas 20 años, había logrado fugarse del país con documentación falsa y se mantenía en movimiento, protegido por una red de cómplices que incluía familiares y miembros de su organización. Su detención se produjo en Lima, tras varios días de vigilancia y rastreo de transferencias financieras que permitieron acotar su ubicación. También fue arrestado Matías Agustín Ozorio, considerado su mano derecha, quien habría participado en la planificación del crimen y en la huida posterior.



La fiscalía sostiene que el móvil del triple femicidio fue un acto de castigo. Las tres víctimas habrían estado vinculadas, directa o indirectamente, a un conflicto interno en la estructura narco liderada por "Pequeño J". El mensaje fue brutal: “Esto le pasa al que me roba”, encontraron escrito cerca del lugar del crimen. Las jóvenes fueron llevadas con engaños hasta una vivienda en Florencio Varela, donde fueron torturadas, asesinadas y enterradas en el fondo del terreno.



La causa ya cuenta con nueve detenidos. Entre ellos, una pareja acusada de haber facilitado la casa donde se cometió el crimen; un chofer que transportó a las chicas y a los autores materiales; y un hombre identificado como Ariel Giménez, señalado por haber cavado el pozo donde se ocultaron los cuerpos. En los allanamientos recientes se incautaron armas, municiones, celulares, prendas con manchas de sangre y documentación que fortalece las hipótesis de la fiscalía.




Otras claves del crimen

Las pistas que llevaron hasta Perú no fueron únicamente geográficas: hubo dinero. En las semanas previas a la fuga, se registraron múltiples transferencias por servicios como Western Union, desde Argentina a Bagua, localidad del norte peruano donde reside parte del entorno familiar de Valverde Victoriano. Ese rastro financiero resultó crucial para estrechar el cerco. A esto se sumaron los datos extraídos de teléfonos secuestrados en los domicilios allanados, que revelaron contactos frecuentes con números peruanos.


La captura de "Pequeño J" marca un punto de inflexión en una causa que había comenzado con horror y confusión. La velocidad con la que se desplegó la logística del crimen contrastaba con la crudeza del mensaje: disciplinar con sangre, enviar una advertencia, dejar claro que nadie traiciona al mando. Sin embargo, la justicia argentina logró responder con celeridad y coordinación internacional.



Ahora comienza otra etapa. El proceso de extradición ya fue iniciado y se espera que en los próximos días "Pequeño J" sea trasladado a la Argentina para enfrentar cargos por homicidio triplemente agravado, por el vínculo, por mediar violencia de género y por alevosía. Su nombre pasará a integrar una lista negra de jóvenes criminales que usaron la lógica del narcotráfico como forma de poder, y la violencia contra mujeres como mecanismo de control y dominación.


La conmoción social no se ha apagado. Las familias de las víctimas exigen justicia completa, y los colectivos feministas ya preparan una nueva jornada de movilización. La causa no está cerrada: aún quedan cómplices por identificar, pruebas por peritar y preguntas sin respuesta. Pero con la caída del supuesto autor intelectual, el círculo comienza a cerrarse. Y en el centro, como siempre, queda el grito desgarrado de tres jóvenes que creyeron que iban a una fiesta, pero encontraron la peor de las trampas.

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